domingo, septiembre 05, 2004

Tan wagneriano como el pato lucas.

“Soy lo suficientemente feo y lo suficientemente bajo como para triunfar por mí mismo”.
. Woody Allen.


Luis me dijo que el hecho de intentar hacer la trilogía de las minas es muy wagneriano, yo le respondí que no creo que wagner haya basado "Los anillos de los Nibelungos" en porrones adolescentes y minas bravas. Y vamos, una trilogía es la manera mas clásica de contar algo largo sin caer pesado. Tolkien también esta muy atravesado por Wagner, su Taniketil es tan nórdico como el nombre Olaf, o Laslo. Otro punto que creo que vale la pena desarrollar es que el porrón este de la trilogía de las minas es una manera muy neurótica de dividir parte de mi vida en tres arcos argumentales, cada uno referente a un minón al que estuve enganchado y pude remar la situación como para, por lo menos, tener una mínima relación. Aunque luego todas después terminaron en cualquier cosa, por algún momento dediqué algunos años a reventarme la cabeza pensando como volver, como ganar, o cómo no terminar matándonos mutuamente.
Más allá de eso, mi adolescencia fue lo mas mediocre y aburrido que me pudo haber pasado, si bien siempre fui un pibe raro, retorcido. Nunca tuve ni pizcas de rebeldía gratuita, violencia insana o intentos de ningún tipo. Cosa que tiempo después me hizo pensar que mi adolescencia fue de lo más anormal. Mis relaciones con las mujeres, desde fines del primario, me enseñaron rápidamente a desbaratar muchas mentiras que te brindan en la vida, que son esos mitos post papá noél-reyes magos, a saber: Lo importante es lo de adentro, la verdad siempre prevalece, y que si te esfuerzas, pones garra y buena onda, todo puede salir bien. De hecho, mi vida es una refutación constante a esos tres enunciados.
Yo creo que la gente hermosa queda excluida de muchas vivencias interesantes. Los flacos con pinta y aire de exitismo, quedan inmunes a conocer minas grosas, están condenados al levante fácil que sólo es posible con: Trolas de poca monta, yeguas hiperfuertes con problemas de autoestima y con la vida interior de una ameba, y las chicas beige de clase media (que son con las que se quedan) llenas de bricolage, revistas jardincito y colores pasteles, perfectamente alienadas a un movimiento rectilíneo y uniforme que las lleva directamente a los antidepresivos antes de los 40.
Yo llegué a salir con una chica beige, fue la que más rápido agradó a mis padres, creo que es maestra jardinera, o física nuclear, no recuerdo bien aún. Fue la que más rápido me dijo "Te amo", mi error allí fue ser muy sincero y realista.
Pero ojo, las minas de la trilogía están bastante fuertes (por lo menos dos de las tres), pero tenían un plus de quilombos y porrones, desviaciones del carácter y salidas jodidísimas que resaltaban eso que justificaba que me hayan prestado atención, aunque sea un rato.
La última mina de la trilogía, no fue la ultima mujer de mi vida, pero por más que estuviese con otras, la cuestión por un par de años, era volver a estar con ella; y en ese juego bizarro y autorreferente caí en el torbellino frenético que culminó con el inicio del Incidente C y sus revolucionarias consecuencias.
Lo interesante de la vida es que uno lucha constantemente por domeñar el caos e intentar seguir algún tipo de destino, pero al final se tiene que conformar con etiquetar los hechos y ponerle un hilo conductor al supuesto camino, siempre es al final que uno puede armar algo e intentar ilusionarse con decir "Así tenía que ser, es mi destino", pero para mi ya es tarde, tengo plena conciencia que el destino para mí no existe y que el azar hace lo que se le canta con migo.

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