Entonces estaba yo, otra vez pensando como mejorar ese negocio endogamico y perverso...mirando los zapatos con la minuciosidad de un escultor para encontrarle el ángulo perfecto, el punto justo de atractivo visual necesario para que ese par se vendiese... Pasó la tarde y poco, entraron pocos compraron casi todos. Pero la manera positiva de ver el dia no quita que entraron pocas personas, demasiado pocas como para que la caja final del cierre diese un saldo coherente con lo que necesito cubrir. En fín, otro punto en el cual me sietno un inutil.
A veces pareciese que todo esta sostenido de manera ilusoria, como si la zapateria fuese parte del bosque de mi casa, parte de la cúpula verde en la que nos protejemos con mi familia.
Mientras vino el niño pollito a visitarme, otro mas que esta casi al borde de la deriva, creo qeu busco ese punto en comun para hacer amistades. Cerré tarde, luego de eliminar la esperanza del ultimo cliente salvador; la salvacion ya habia pasado y solo trajo 30 pesos.
2012
Hace 3 meses
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